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MotoGP mira cada vez más de reojo a la Fórmula 1 en un momento marcado por las tensiones económicas dentro del paddock. Al mismo tiempo, la llegada de nuevas marcas chinas empieza a cambiar el equilibrio del motor mundial.
Andan los equipos de MotoGP con un cierto mosqueo con los responsables del campeonato en el que compiten. Y así se lo hicieron saber dejándoles con la mesa puesta en la cena que tradicionalmente se realiza Jerez. Al parecer, imbuidos por el brilli-brilli de la F1, tienen un poco de envidia por el tamaño y la forma de repartir los cachos de pastel del “negoci” que tienen montado los de los coches y quieren que en las motos la cosa funcione igual y reclaman pillar cacho, o al menos una mayor tajada de la que ahora reciben. Pero, con todos los respetos: no es lo mismo.

Hay quien dice que los periodistas que nos dedicamos a eso de las carreritas somos pilotos frustrados. No fue nunca mi caso. Si acaso, soñé con ser Bernie Ecclestone o incluso Carmelo Ezpeleta. Esos han sido (y siguen siendo) mis ídolos en el asunto.
Cuentan que antaño lo de la F1 era cosa de cuatro románticos -algunos, los menos, con ciertos posibles económicos- con sus “locos cacharros”. Hasta que llegó Tito Bernie y les hizo a todos ricos. Qué digo ricos, riquísimos. Yo no lo viví, porque cuando aterricé en mis primeros Grandes Premios ya todo el monte era orégano.
En cambio si que fui testimonio, y en primera línea, de la eclosión del mundial de motos. De la grasa de las manos de los mecánicos, de las tiendas de campaña más propias del Camping La Tortuga Motivada, de las piscinas de plástico hinchable se pasó a unos talleres del futuro, un paddock repleto de motorhomes de lujo, y unos “hospitalitys” con mucho oropel por metro cuadrado.
Parece que a algunos se les ha olvidado la pátina de cutrerío que envolvía las carreras de motos de antaño. Heroicas, sí. Apasionantes, también. Pero cutres a más no poder. En las motos los hay que han pasado del Pozo del Tío Raimundo a los chalés en Somosaguas, de la Mina a Pedralbes. Y tengo la sensación que a algunos se les ha olvidado cómo estaba esto antes de que aparecieran Carmelo y sus gentes.
Escuchando las absurdas pretensiones de algunos equipos me viene ahora a la cabeza aquella canción de La Unión, de finales de los ochenta, cuyo estribillo decía “Cabalgando en la pasión. Deseo más y más. Deseo más y más, sí”. Que no hagan el tonto algunos moradores del paddock que podrían quedarse con un palmo de narices.

Decía hace pocos días Stella Li, la brillante presidenta de BYD -la marca china mejor posicionada en el mercado español del automóvil, y líder en cuanto a las ventas eléctricas- que están valorando la posibilidad de entrar en la F1 como el duodécimo equipo de la parrilla, convirtiéndose así en el primer fabricante de este país que entraría en la máxima expresión del automovilismo deportivo. Los chinos ya han ganado a muchos fabricantes de toda la vida en el terreno comercial. Hacerlo ahora en la pista sería el remate y la certificación irrefutable de su mayoría de edad tecnológica.
De momento en el WEC a Toyota le ha salido una “competencia asiática”, puesto que este año, procedentes de Corea ha llegado Genesis, con el aval de Hyundai detrás. Y en breve el grupo Chery hará lo propio con Exeed, una de sus marcas de mayor nivel, mientras que no faltan especulaciones sobre qué puede suceder con una hipotética entrada de Honda en el WEC. O sea: que sí, que se va Alpine… pero para hacer lo que han hecho no se les va a extrañar…
En el mundial de Superbikes -donde a veces se ensayan cosas que luego aparecen en MotoGP- ya tenemos alguna marca del gigante asiático (Kove) compitiendo contra sus rivales japonesas y otras marcas de siempre. Y en el de MotoGP el nombre de algunos constructores (QJ) empieza a asomar la cabeza aunque sólo sea para dar nombre a un acuerdo de patrocinio. El primer paso ya está dado, y cuando vengan los siguientes, puede que sean a marcha rápida, como ha sucedido en los mercados.
¿Se imaginan que, en un futuro no muy lejano Mercedes o Aston Martin en la F1 o BMW en MotoGP fueran reemplazadas en sus funciones de Safety Car por una marca china? Ese sería el primer paso, pero luego vendrían otros. Que la asociación de constructores (MSMA) o la de equipos (IRTA) del mundial de motociclismo dejen de hacer el tonto, que vienen los chinos.
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