Bird aleteó como el Espíritu Santo sobre el cáliz de la Alianza

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Nunca creí en la Fórmula E. Cuando se disputó en 2014 la primera carrera de la historia de lo que se postulaba como ‘la F1 eléctrica’, en Shanghái, hice un tuit que cabreó bastante a algunos: “No me extraña que este invento haya arrancado aquí. Es un cuento chino”, escribí.

Luego, aborrecí que sustituyeran elementos tan propios del ADN del motorsport como es el sonido de los coches -fíjense que he escrito ‘sonido’, y no el aberrante ‘ruido’ que emplean algunos advenedizos- por actuaciones de joviales y dichacharacheros DJ… como últimamente viene sucediendo también de forma lamentable en la F1, por cierto.

El adelantamiento por la victoria de Sam Bird en el e-Prix de Sao Paulo de Fórmula E.

Ya me perdonarán quienes mueven los hilos de este ‘negoci‘ de la Fórmula E, pero querer encontrar de modo tan artificial e insulso una banda sonora alternativa a la emergente de los motores de combustión es como tocar un arpa sin cuerdas.

Y, luego, las veces que he podido presenciar en directo alguna carrera de semejante sucedáneo de carrera he llegado a tener pesadillas en la grada, de lo profundo que fue el sueño en el que quedé sumido, a pesar de las respetables intenciones de animación de los pinchadiscos referidos. Lo siento chicas y chicos de la gorra de canto, pero soy así de sosainas. Casi tanto como eso que vosotros llamáis ‘E-Prix’.

La Fórmula E y la corriente discontinua

Sin embargo, la Fórmula E ha ido creciendo, y tal vez la F1 no tanto, pese al incuestionable aumento de audiencias y el rejuvenecimiento de sus seguidores.

El meritorio y loable adelantamiento que le metió Sam Bird a Mitch Evans para ganar en los últimos metros el E-Prix de Sao Paulo este fin de semana levantó tal nivel de admiración terráquea que me causó un pasmo semejante al que me genera la falta de memoria de quienes olvidaron que eso fue moneda de uso corriente en los GP de antaño, en los que no había aparatejos como el DRS, el KERS, ECUS, halos, ICES, MGUs… y otras siglas del montón.

Y es que del mismo modo que el gol es la salsa del fútbol -¿no se había escrito antes tan tremebundo adagio?- los adelantamientos lo son en las carreras.

La Fórmula E ha vuelto a la vida en Sao Paulo, para 'milagro' de muchos.
La Fórmula E ha vuelto a la vida en Sao Paulo, para ‘milagro’ de muchos.

Pero de la misma forma que nos hemos acostumbrado a comer sin sal, a no endulcorar el café, a sustituir el jabugo Joselito 5J por el lomo de pavo del Mercadona, a ponerle una válvula westgate a las tripas de un escape o la gasolina casi sin octanos a los depósitos, ahora nos volvemos locos de entusiasmo, explotamos con enorme algarabía, y nos desangramos de regocizo cuando, de repente, se produce una excepcionalidad llamada ‘adelantamiento’ en una carrera de cochecitos de colores. 

Y si encima, oh milagro, gracias a ello la victoria fue para un ‘histórico equipo como McLaren, algo que jamais de la vie les había sucedido a las flechas papaya desde que el espabilado y sagaz Alejandro Agag se inventó eso de las carreritas sin audio para coches a pilas hace ya diez años, el éxtasis colectivo pareció semejante a los espasmos pélvicos de Santa Teresa de Jesús siglos antes de inventarse el Satisfyer.

Y Bird movió sus alas

Que un pájaro con tantos tiros encima como Bird nos dejara ojipláticos y boquiabiertos con su, ¡oh sorpresa!, ‘adelantamiento celestial’ en esa boñiga de pista que es el Sambódromo de Anhembi (tan comparable al apasionante Interlagos de la misma capital, como los bolsos, gafas y relojes del top manta lo son a sus productos inspiradores originales) es sólo semejante a la divina iluminación que tuvieron los pastorcillos de Fátima cuando se les apareció la virgen, o al trance en el que cayó Bernadette Soubirous en la gruta de Massabielle cuando vio tal exhibición de efectos FX divinos.

El otro gran adelantamiento del ePrix de Sao Paulo de Fórmula E. Oliver Rowland camino del podio.

Aunque, claro, la chapa de Bahrein, o el ladrillo de Jeddah nos ha distorsionado el criterio para discernir lo que separa una turra, lo que distingue un mojón de campeonato de un evento pata negra de verdad -lo que antaño llamábamos un Gran Premio, vaya- de lo que hoy cualquier pastilla con efecto placebo como son como son las carreras ‘en mute’ nos produce… y así nos luce el pelo con reacciones sobre dimensionadas a partir de adelantamientos -insisto: loables y de mérito… pero no tanto- como el que interpretó Bird en Brasil… pero que Sam ya había tocado tantas veces antes en versiones más ‘sonoras’, que no ruidosas.

Que el Albert Park nos redima en Melbourne este fin de semana y que Santa Inocencia nos pille confesados.

Vídeo con los mejores momentos del ePrix de Sao Paulo de la Fórmula E.
Café del Paddock

by Josep Lluís Merlos

Periodista, como Tintin. Cuando empecé a publicar (con 13 años) mis crónicas en la revista Motociclismo, yo quería dar la vuelta al mundo, subirme a la luna en un cohete rojo y blanco y viajar hasta el Tibet en moto.

Un día me llevaron a Montjuic, olí la gasolina y me enamoré. Allí fue la primera vez de casi todo. Y aquí sigo, casi 50 años después, escribiendo y hablando de coches y motos, tras haber pasado por unas cuantas revistas, periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión.

He visto centenares de carreras en todos los circuitos, pistas, carreteras y desiertos de todo el mundo. Y me siguen gustando tanto como aquel primer día. Pero lo del cohete aún lo tengo pendiente.

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