Reflexiones tras el GP de Qatar 2023: Tormenta en el desierto

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Reflexiones tras el GP de Qatar 2023. Sí, vale, lo confieso. Puede que lo mío sea eso, un vicio. Pero sí: me apasiona la F1.

Pero también me encantan las carreras de resistencia, me chiflan los raids, me vuelven loco los rallys, me pirro por las batallas puerta con puerta de los turismos; me cuesta decidirme entre una carrera de camiones, una de drágsters, o si se tercia… una de tractor- pulling, o de ¡yo que sé!

Y, evidentemente, el Scalextric fue mi juguete favorito… y lo sigue siendo. Y por si esto fuera poco, como diría el bueno de Nico Abad (cuyos programas en YouTube me parecen infinitamente mejores que sus transmisiones televisivas), ¡me gustan las motos! Mucho, por cierto.

Por eso en un finde sin MotoGP disfruto igual si, como sucedió el anterior, se dan carreras como la que hizo Jorge Prado en el MX de las Naciones, o Josep García en la última cita del Mundial de EnduroGP que le valió el título en E1.

Valoro enormemente el esfuerzo que hay que hacer para llegar a pilotar una moto de la forma que lo hacen estos tíos; los sacrificios que se necesitan para alcanzar la cima de una trayectoria profesional como la suya; el rigor de su preparación física, y el aguante más allá de lo humano que acreditan. Del valor, arrojo, coraje, agallas… (como quieran llamarle menos cojones, porque… súbanse a dar una vuelta con Laia Sanz, Belén o Marta García, Cristina Gutiérrez y “otras chicas del montón” y verán que la cosa no va de testosterona).

¿Superhéroes… o insensatos?

Por eso el desenlace del GP de Catar 2023 inicialmente me dejó un poco descolocado, y por eso coincidí inicialmente con la apreciación de mi querido y admirado amigo Pedro De la Rosa: “Aquí están los mejores, y los mejores deben ser también los mejor preparados físicamente, capaces de soportar los desafíos más intensos, incluso los que son como éste” en relación a lo mucho que sufrieron los pilotos en la carrera de Lusail, una de las más duras que se recuerdan en la historia.

Luego, reflexionando, y dejando enfriar las cosas un poco, reconozco que lo de la carrera del pasado fin de semana fue, más que una animalada, una irresponsabilidad por parte de la FIA. Afortunadamente, la cosa no pasó de algún que otro vahído… Pero el desacierto absoluto podía haber acabado en tragedia, y dándole vueltas a lo que sucedió cada vez lo tengo más claro: aquella carrera no se debía de haber disputado.

Las hemerotecas y la memoria nos recuerdan cómo fue aquel ridículo de la carrera en Indianápolis en 2005. Estaremos todos de acuerdo en que lo que sucedió allí, con sólo los seis coches calzados con Bridgestone en acción y los otros catorce con Michelin viendo los toros desde el banking, fue uno de los días más patéticos de la F1. Pero lo de Lusail no le anduvo a la zaga.

Reflexiones GP Qatar 2023

Y pese a todo: humanos

Puede que lo de ver como los mecánicos de Williams tenían que ayudar a un destrozado Logan Sargeant bajando del coche a causa de su hidratación sorprendiera, aunque no tanto como saber que Esteban Ocon había vomitado dos veces en el interior de su casco en pleno GP.

Pero, especialmente, ver a un cyborg androide como Verstappen desencajado al bajar del coche, impresionaba. Y, por supuesto, escuchar a un titán como Alonso preguntando si podían refrescarle el culo echándole agua en el cockpit durante el pit-stop, asustaba.

La carrera fue dura, cierto. Pero en exceso. Si tenemos en cuenta las causas que dificultaron las condiciones extremas de la cita, la reflexión conduce inevitablemente al cabreo. Sobre todo porque el lanzamiento de la carrera, su continuidad pese a todo lo que estaba sucediendo, lo decidieron unos señores que vieron la acción a través de unos monitores, en una sala perfectamente dotada de un (supongo que potente) aire acondicionado.

Cuando algunos pilotos comentaron que la temperatura en el interior del habitáculo rozaba los ¡80 grados! debemos felicitarnos porque aquello acabara bien.

Luego otra cosa es que Sargeant se niegue a beber durante las carreras por no se qué extraño razonamiento. Allá él con su bobaliconería, un ejemplo más que ilustra que su carrera en la F1 será casi tan corta como el alcance de sus luces.

No, esto no es el circo romano. No tuvo ningún sentido correr el riesgo extremo que hubo y luego llenarse la boca con congresos, webs, discursos, simpósiums y demás postureos en aras de la seguridad. Visión Zero llaman en la FIA a su campaña para mejorar la seguridad. Sí, cero… a la izquierda debe ser.

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No, la culpa no fue del “cambio climático”

¿De dónde vino el problema real? La atolondrada conclusión de las obras de acondicionamiento de la pista de Doha para albergar la carrera de F1 -inicialmente nacida para acoger carreras de motos- propició que la terminación de los pianos no fuera la adecuada para evitar pinchazos en las ruedas de los monoplazas; demasiadas aristas y vértices afilados.

En Pirelli lo vieron claro, y para ahorrarse un bochorno como el citado de la pista del Gasoline Alley, u otros shows como los que hubo en el pasado en Silverstone (neumáticos “deslaminados” en 2013, y pinchados en 2020) y en Spa (63 cortes en las ruedas en la edición de 2015) decidieron regular hasta un máximo de 18 vueltas el máximo de utilización permitido para cada compuesto.

Al no tener que preocuparse por el ahorro de las gomas, sin la necesidad de gestionar las ruedas, los pilotos fueron “a fondo” en cada stint, lo que propició que sus tiempos por vuelta se aproximaran más a los cronos de la clasificación que a los ritmos previstos por los simuladores para la carrera.

Todos los ingredientes

Si a ello le añadimos que el trazado catarí no deja de ser una sucesión de curvas encadenadas, con muy pocos tramos que permitieran a los pilotos relajarse, respirar y tomar resuello, que la temperatura ambiente superaba los 30 grados (pese a que la carrera fue nocturna) y que la humedad era del 76% tenemos todos los ingredientes para que se desatara la tormenta en el desierto catarí que hubo.

Después de todo lo que vivimos en la decimoséptima carrera del año, con una situación que tiene en la seguridad de los neumáticos como embrión de salida, dudo que anunciar tres días después la renovación de Pirelli como suministrador de neumáticos para la F1 hasta 2027 (con la opción de un año más) fuese el mejor de los aciertos. No hubiera costado nada esperar un poquito más a oficializar lo que era por todos conocidos, y evitar relacionar lo que pasó en Lusail con la decisión del fabricante italiano de gomas.

Reflexiones GP Qatar 2023Por eso nos gusta tanto

La otra cara de la moneda en Qatar fue la inspiración de Piastri, que el sábado ganó la carrera al sprint, y que el domingo consiguió un nuevo podio doble para los de Woking al acompañar en el podio a Norris, escoltando a Verstappen en lo que significó el podio número 504 en la historia del equipo naranja.

La jornada tuvo para ellos su broche de oro cuando consiguieron realizar el pit-stop más rápido de la historia: tan solo 1.8 segundos.

Todo el mundo señala a Zack Brown como motor de la transformación de McLaren, pero personalmente considero que este mérito hay que atribuirlo a Andrea Stella, que desde que asió el timón de la nave ha demostrado mucho más que los incuestionables éxitos comerciales de la formación británica (polémica con Àlex Palou al margen, claro).

Reflexiones GP Qatar 2023

Lo cierto es que la progresión de McLaren en esta fase de la temporada está siendo fantástica. Todos los ojos están puestos en Red Bull, por los títulos conseguidos de piloto y constructor, y también por el desacierto de un Checo Pérez que ha tenido que desmentir los rumores procedentes del redoblar del tambor de la retirada. Pero la mejora de rendimiento de McLaren (y también la de Alpha Tauri y Mercedes) no debería pasar desapercibida.

Reflexiones GP Qatar 2023

Oscar y Lando forman la pareja probablemente más equilibrada del paddock, y el ambiente entre ambos es tal vez el más sano de todo el campeonato. Algo que contrasta claramente con el “mal rollo” y la tensión existente entre Esteban Ocon y Pierre Gasly, que más que a la greña andan a tiros. El intento de hacer aún más grande “la grandeur” parece que no funciona, y en Enstone las navajas vuelan.

Opinión

Josep Lluis Merlos

Periodista, como Tintin. Cuando empecé a publicar (con 13 años) mis crónicas en la revista Motociclismo, yo quería dar la vuelta al mundo, subirme a la luna en un cohete rojo y blanco y viajar hasta el Tibet en moto. Un día me llevaron a Montjuic, olí la gasolina y me enamoré. Allí fue la primera vez de casi todo. Y aquí sigo, casi 50 años después, escribiendo y hablando de coches y motos, tras haber pasado por unas cuantas revistas, periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión. He visto centenares de carreras en todos los circuitos, pistas, carreteras y desiertos de todo el mundo. Y me siguen gustando tanto como aquel primer día. Pero lo del cohete aún lo tengo pendiente.
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