Reclaman a un motorista fallecido los costes de la limpieza de su sangre en el asfalto

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La Deputación Provincial da Coruña reclama a la familia de un motorista fallecido el pago de una factura a los bomberos que actuaron tras el siniestro en el lugar donde se produjo el accidente, en concepto de asistencia y limpieza de vía tras accidente entre vehículo y moto.

Josep llamaba «Bagheera» a su inseparable motocicleta

El 9 de agosto de 2020 a las 14.08 horas el conductor de un automóvil Peugeot 307 impactó mortalmente contra una motocicleta. Fue en una curva de la carretera AC-442, en el término municipal de Dumbría, cerca del cabo Fisterra.

La vida de Josep Boan Rosanes, de tan solo 20 años, un chaval con una brillante carrera de profesor de historia por delante y un gran amor por su Yamaha XSR 700, a la que llamaba “Bagheera”, terminó en aquel preciso instante. Frente a los ojos de su padre, que le había inculcado su pasión por la moto y esta vez le seguía a escasos metros por detrás.

Aquel viaje a la tierra de sus abuelos, que padre e hijo habían planificado con tanta ilusión como preludio y preparativo a un viaje a Cabo Norte al año siguiente, acabó siendo más que un viaje al fin de la tierra; uno al fin de la vida.

Las «otras muertes» de Josep

Hasta aquí nada especialmente distinto a demasiados accidentes como los que desgraciadamente suceden con tal frecuencia que ya nos hemos acostumbrado a convivir con la muerte. ¡Qué paradoja!

Las “otras muertes” de Josep llegaron más tarde. Como si el dolor de una familia destrozada por la perdida de un hijo o la de unos amigos que ya no volverán a reír con él ni a escuchar como les acompañaba con su guitarra, no fuera suficiente penitencia.

La herida incurable de su muerte parece condenada a permanecer abierta. A seguir supurando eternamente por una infección provocada primero por la maldad, y más tarde por la estulticia y la incompetencia.

Así fue el temible choque que acabó con la vida de Josep Boan

Volver a morir, esta vez en el Juzgado

El juicio por este accidente se realizó casi dos años después del suceso. Las pruebas periciales acreditaron que el coche que impactó contra el motorista circulaba a 116 km/h en una curva en la que no se podían superar los 70 km/h. El conductor, A.G.S. –de 27 años– argumentó que tuvo que invadir el carril contrario forzosamente puesto que estaba esquivando un animal que, repentinamente, se cruzó en su trayectoria. Finalmente fue acusado de homicidio imprudente, por lo que se le condenó a dos años de prisión –que no llegará a cumplir al carecer de antecedentes penales– y tres años y medio de retirada del permiso de conducción.

El causante del accidente luce un tatuaje en un brazo con la cifra 116. La velocidad ilegal a la que circulaba en el momento del impacto

Por su parte, la familia del fallecido –que tuvo que insistir lo indecible para que el juicio se llevara a cabo, pese a la reticencia inicial del juzgado número 4 de A Coruña– tuvo que pagar su parte de las costas judiciales por el proceso (casi 5000 euros, ya que la jueza del caso se mantuvo férrea en su decisión irrevocable, argumentando que no se solicitó correctamente en el momento procesal adecuado la exención de dicho pago)… por si la pérdida de un hijo no hubiera sido suficiente dolorosa.

A partir de la suave sentencia condenatoria, la familia del motorista fallecido ha puesto en marcha una petición a través de la plataforma Change.org para que se revise el baremo de penas en los juicios por violencia vial. Especialmente en aquellos que, como en este caso, una conducción irresponsable resulta ser la causante de una pérdida humana.

Esta es la factura de la vergüenza que recibió la familia del motorista fallecido

Un error burocrático intolerable

Pero no termina aquí la cadena de desaciertos. El pasado 7 de octubre, llega al domicilio de los padres de Josep un aviso de recogida de un certificado procedente de la Deputación Provincial da Coruña. Aunque en su momento los familiares del motorista fueron informados de que sus pertenencias (cazadora, cinturón y botas) habían sido echadas a la basura, creyeron que el comunicado tal vez fuera una rectificación ante tan evidente falta de sensibilidad.

Sin embargo, no sólo no fue eso, sino que la carta consistía en la reclamación del pago de una factura a los bomberos que actuaron tras el siniestro en el lugar donde se produjo el accidente, en concepto de asistencia y limpieza de vía tras accidente entre vehículo y moto, por un tiempo total de intervención de 3 horas y 22 minutos. Vaya, que les quieren cobrar 485,50 euros por limpiar la sangre y los restos que impregnaron el asfalto del lugar tras la colisión.

Josep Boan era un chaval con un brillante futuro por delante

Algo más que un error burocrático

La dimensión de algo más que un error burocrático, como lo han definido quienes han intentado sacar hierro al asunto desde las instituciones sin presentar hasta la fecha ningún tipo de disculpa a los familiares del fallecido. Es de tal dimensión que el escándalo se ha viralizado y ha saltado a muchos medios de comunicación.

Por muchos adjetivos que se nos ocurran para calificar esta suerte de despropósitos seguro que nos quedaremos cortos. Saquen sus propias conclusiones. Y juzguen ustedes mismos la forma en que algo tan trascendente como la muerte de una persona ha sido tratada.

Si la vergüenza se lo permite, claro, ante la tortura cruel a la que sus familiares han sido condenados. Como si la pérdida de un hijo, un hermano, un amigo, no fuera suficientemente dolorosa.

Sobre el autor

Josep Lluis Merlos

Periodista, como Tintin. Cuando empecé a publicar (con 13 años) mis crónicas en la revista Motociclismo, yo quería dar la vuelta al mundo, subirme a la luna en un cohete rojo y blanco y viajar hasta el Tibet en moto. Un día me llevaron a Montjuic, olí la gasolina y me enamoré. Allí fue la primera vez de casi todo. Y aquí sigo, casi 50 años después, escribiendo y hablando de coches y motos, tras haber pasado por unas cuantas revistas, periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión. He visto centenares de carreras en todos los circuitos, pistas, carreteras y desiertos de todo el mundo. Y me siguen gustando tanto como aquel primer día. Pero lo del cohete aún lo tengo pendiente.
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