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Prueba Mazda MX-30, el eléctrico

Mazda se aleja de costosos y tecnológicos conceptos de movilidad eléctrica de gran autonomía para ofrecernos un SUV compacto, funcional y que además es eléctrico

Hoy os traemos el modelo 100% eléctrico de producción de la marca, el Mazda MX-30, un SUV compacto de filosofía asfáltica y urbana con una potencia y autonomía limitadas, pero con un concepto general muy equilibrado.

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Se trata de un SUV a medio camino entre compacto y medio, con una configuración eléctrica muy ajustada y una filosofía muy diferenciadora.

Mazda ha querido desarrollar este SUV eléctrico huyendo de la guerra de autonomías y potencias de otras marcas para centrar sus esfuerzos en ofrecernos un coche lógico, funcional y bien equilibrado.

Eléctrico, pero sin exageraciones

Así pues, vemos que este MX-30 nos ofrece un discreto motor eléctrico de 145 CV alimentado por una batería limitada a 35 kWh que le asegura una autonomía teórica de 200 km.

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Su propulsión es exclusivamente eléctrica y su autonomía no supera los 200 km, una opción sencilla y funcional para un uso diario y urbano

Se trata de una autonomía limitada (luego veremos que a la práctica lo es aún más), pero es que Mazda tiene claro que este no ha de ser un coche para grandes viajes, sino para un uso de a diario y en ámbitos muy concretos, en los que su usuario tiene o prevé sus puntos de carga habituales.

Mejor para ciudad

Esto cierra el círculo para una utilización en ámbitos urbanos o los típicos desplazamientos interurbanos para ir a trabajar todos los días y con una buena accesibilidad para conectarlo a la red eléctrica sin grandes problemas ni sorpresas.

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Por supuesto cuenta con la etiqueta CERO de la DGT y todas las ventajas que ello conlleva.

Este Mazda MX-30 se puede cargar en un enchufe normal tipo Schuko de 2,3 kW en quince horas o en diez si la potencia contratada sube por encima de los 3,7 kW.

A más potencia contratada…

Si recurrimos a una instalación tipo Walbox –de corriente alterna–, este tiempo de recarga puede bajar a cinco horas si tenemos contratada una potencia máxima de 22 kW.

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Este modelo acepta cargas de corriente alterna de baja y alta intensidad, pero también cargas rápidas de corriente continua con una potencia de hasta 50 kW.

Por último, también cuenta con la posibilidad de conectarlo a una toma de carga rápida –de corriente continua– que permitiría alcanzar de 0 a 80% de la batería (a partir de aquí el sistema disminuye la potencia para no estropear la batería) en solo 40 minuto. En este caso la potencia máxima de conexión admitida es de 50 kW.

Autonomía real de 160 a 180 km

La teoría dice que una vez cargada la batería tendremos una autonomía de 200 km, aunque la realidad, y más concretamente el ordenador de a bordo, nos dirá que tenemos entre 180 y 160 km de alcance. Esto es así porque el sistema equilibra el estilo de conducción aplicado antes de la recarga con respecto a la siguiente autonomía.

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De todas formas, en una conducción normal es muy complicado que consigamos valores superiores a 180 km, especialmente si no lo hacemos exclusivamente ciudad, donde podemos aprovechar la capacidad de retención gestionable mediante las levas tras el volante.

Eléctrico, pero de conducción muy natural

Aun con estas particularidades de los vehículos eléctricos, este es un coche muy coche, es decir, se conduce como cualquier otro vehículo, incluso tiene un sonido artificial que se adecua a la propia aceleración de motor, como lo haría un motor térmico.

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Se aprovecha de su estructura SUV para ofrecer una mayor versatilidad de uso, aunque su filosofía es claramente asfáltica y urbana.

También decíamos que es un motor discreto de potencia, pero como todos los eléctricos, su par, en este caso 271 Nm, está disponible desde parado y a cualquier velocidad, y eso, ya sabéis que se traduce en un fuerte empuje en todo momento y en este caso no es una excepción.

Bastidor seguro y de máximo confort

En general, el Mazda MX-30 es un coche ágil y potente ante cualquier insinuación con el pedal de aceleración, lo que asegura una respuesta contundente en maniobras de adelantamiento o salida desde parado, para luego aprovechar los tres niveles de retención seleccionables mediante las levas del volante para ir reteniendo más o menos y recuperando energía.

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Lo que este Mazda MX-30 nos ofrece es un habitáculo relativamente compacto pero de notable calidad, tecnológico y con gran compromiso con la sostenibilidad

Su bastidor es bastante firme, capaz de contener sin complicaciones los más 1.600 kilos que pesa este modelo, que sin duda es su mayor hándicap, especialmente en conducción deportiva, y que no sería el caso para un coche eléctrico como este Mazda MX-30.

Alma tranquila

Su uso habitual debería ser una conducción tranquila y si puede ser por ciudad, donde conseguiremos las mejores prestaciones, eléctricamente hablando. En este sentido, en el de la conducción relajada, también podemos decir que cumple sobradamente por su eficacia y confort al ser uno de los mejores aspectos que destacar.

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De momento, de este modelo solo hay una versión eléctrica de 145 CV y 200 km de autonomía.

En cuanto a SUV, sinceramente, solo tiene la estética, porque ni es un coche alto, ni tiene buenos ángulos y tampoco una tracción específica para ello, pues el Mazda MX-30 solo es y será un tracción delantera.

Entre SUV compacto y medio

La carrocería de estilo SUV cupé también es muy particular, porque en sus 4,4 metros de largo nos ofrece cinco plazas, algo cuestionables, y un sistema muy curioso de acceso mediante puertas enfrentadas; las delanteras de apertura normal y las traseras de tipo contrario o también conocidas como de tipo suicida.

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Como en alguno de los modelos más antiguos de la marca, el MX-30 tiene una filosofía de puertas enfrentadas, una solución que facilita el acceso al habitáculo.

Esta es una interesante solución para acceder a las plazas delanteras y con bastantes inconvenientes para las traseras, ya que en este caso no se puede entrar ni salir de la segunda fila si no se abren primero las puertas delanteras, lo que no es práctico.

Las traseras pequeñas, pero cómodas

Una vez sentados detrás, veremos que la anchura y altura al techo es algo justa. A cambio, las formas homogéneas de su banqueta y respaldo permiten acomodarse en ella a placer.

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Las plazas traseras son pequeñas pero extremadamente cómodas. Lo peor es que para salir de ellas es obligado abrir las puertas delanteras, lo que a veces no es práctico.

En el caso de la fila delanteras, la habitabilidad es notable, propia de otros modelos de la marca, aunque en este caso destacan soluciones como la consola central flotante con materiales muy conseguidos y elegantes acabados de corcho, que dicen que está convenientemente tratado, así como soluciones como la pantalla de 7 pulgadas destinada exclusivamente al sistema de climatización.

Buen maletero, pero ¿y los cables?

Por último, el maletero, un espacio correcto de 366 litros, limitado sobre todo por la forma del techo del MX-30 y porque además obliga a tener la bolsa de los cables de carga en uno de los lados, lo que le resta un poco de espacio y funcionalidad.

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Esta variante, la Zenith es la más alta de la gama y tiene un equipamiento completo, por ello ofrece pocos opcionales. Uno de los detalles que ofrece es su cuadro de seguridad i-Activsense que aúna diversos sistemas de ayuda a la conducción como el freno automático ante peligro frontal y trasero en las intersecciones o sistema de mantenimiento de carril aun sin líneas en la carretera entre otros elementos.

La gama MX-30 está disponible entre los 33.200 euros y los 37.000 euros que cuesta nuestra unidad Mazda MX-30 Zenith y al que podríamos descontar los posibles planes de ayuda Moves2, de entre 4.000 y 5.000 euros.

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