Miguel Molina, el “minero” del motor

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Una vez, llegando al circuito Multipistes de Sils, me llamó especialmente la atención ver en acción sobre el asfalto a un chaval que era capaz de rodar muy rápido con su kart, con una mano… ¡atada a la espalda! Rápido, y, sobretodo: muy fino.

Cada vez que terminaba una buena tanda de vueltas le estaba esperando un tipo con el pelo blanco, rostro adusto y una voz apenas imperceptible cuyo aspecto me recordaba al de James Coburn en “La gran evasión” o en “Los siete magníficos”. 

Mariano Molina no solo era un tío duro, sino una institución en el mundo del karting, un hombre parco en palabras pero capaz de articular siempre las más acertadas en la materia si consideraba que su interlocutor era digno de una buena y documentada conversación versada en la temática.

Combinaba la gestión de la pista gerundense con la de su equipo de karting, MR2, uno de los más potentes del momento en el panorama nacional. Sin tanta parafernalia como otros, pero con una capacidad incuestionable para conseguir resultados, basada en parte en la magnífica puesta a punto del material utilizado pero, sobretodo, en una acertada capacidad para entrenar, aconsejar y tutelar la trayectoria de unos pilotos tan jóvenes como talentosos. Y entre ellos: la joya de la corona, su hijo Miguel, el chaval que vi con una mano atada a la espalda ese día en Sils.

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Miguel Molina, celebrando con efusividad su victoria en las 24h de Le Mans. Foto: David Moreno

Picar piedra es la clave

Por ello, quiénes le conocimos cuando apenas era un crío y hemos seguido la trayectoria del brillante ganador de la última edición de las 24 Horas nos hemos emocionado al verle en lo más alto del podio de “la carrera”, y aún nos llena de orgullo unos días después contemplarle pasear el trofeo conseguido en una carrera de tanto prestigio como esa.

Aquí, y en el cielo. Porque más que nosotros, incluso casi tanto como la propia familia del piloto de Lloret, -sus padres, su mujer y sus tres hijos-, si alguien se alegró por el éxito de este obrero del motor fue su más rendido admirador, el añorado Carlos Castellà, a quien tanto echamos de menos y para quien fue nuestro instantáneo recuerdo de cuántos fuimos sus amigos al ver la emoción incontenida de Molina por su victoria con Ferrari.

Estos días he pensado mucho en él. Se que estará súper orgulloso desde ahí arriba. Lo echamos mucho de menos, tanto yo como mi familia, y supongo que todos vosotros también. Esta victoria ha sido muy especial, sí, y mi dedicatoria va también para él”, me contaba el piloto catalán refiriéndose a Carlos que, el día antes de su muerte aún tuvo el ánimo de ver su carrera en el DTM, en directo, a través del ordenador y en la cama de su hospital. Se quedó dormido, y ya no despertó.

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Carlos Castellà junto a Josep Viaplana, Javier Rubio, Josep Llus Merlos y Cristóbal Rosaleny en el Jarama (2016) junto al Audi de molina para el DTM

La última vez que les ví juntos fue en 2016, dos meses antes del fallecimiento de Carlos, en el Circuito del Jarama con ocasión de una rueda de prensa convocada por Audi para presentarnos la temporada de Molina en el campeonato alemán de turismos. Y pese a su ya limitada condición de salud, “Maese Castellà” -como le llamábamos sus amigos- estaba radiante por haber podido dar una hot lap al circuito madrileño junto a “su chófer” favorito, con quien tanto había vibrado en las pistas germanas.

Y podía haber sido la segunda

El año pasado, en su primera participación en Hypercars, Miguel ya estuvo a punto de ganar Le Mans con el equipo AC Corse. Pero una maldita piedra agujereó el radiador de su Ferrari oficial, privándoles a poco del final de una victoria que ya estaban paladeando, pero que no ha llegado esta vez.

Ya que hablas de la piedra… una de las anécdotas de esta edición fue que, justo antes de empezar la carrera, Antonio (Fuoco), mi compañero, se acercó a nosotros, a mí y a Niklas (Nielsen), y nos dijo: «mirad lo que acabo de encontrar al lado del coche». Y nos pasó una piedra muy parecida a la de 2023… Nos la pasamos los tres y dijimos, «este año será nuestro año». Y mira, la verdad es que después de todo un año de espera, muy trabajado, veníamos con muchísimas ganas de conseguir un buen resultado aquí. Sabíamos que teníamos una oportunidad de hacerlo, y lo dimos todo. Fue una carrera muy dura, justita para llegar al final, y en este caso, lo que falta algunas veces… esta vez nos ha ayudado”, comenta Molina.

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Miguel Molina junto a su compañero Fuoco y Nielsen celebrando la victoria. Foto: David Moreno

Esta vez no hubo “piedrecita”, pero sí la duda de si el coche rojo iba a ser capaz de llegar hasta el tiempo establecido sin necesidad de volver a parar en el pit-lane, lo que hubiera degollado sus opciones, como sucedió a sus rivales de Toyota con la parada adicional que tuvieron que hacer.

Miguel detalla así porque había tantos nervios en su box en los compases finales de la prueba. “La gasolina no era el problema; el problema era la energía que calculan ahora con esta nueva categoría con el motor eléctrico delantero. Es un poco más complejo de explicar, pero al final sigue siendo un tanque de energía que lleva el coche, y durante una vuelta podemos gastar un máximo de megajulios, que es la cantidad que calculamos. Finalmente llegamos con sólo un 2%, o sea que no había más margen, y Nielsen hizo una gran conducción en el tramo final. Con agua, ahorrar energía no es fácil, porque con agua cuanto más aprietas y más rápido vas, más calientas los neumáticos y no era fácil, porque teníamos que ahorrar esa energía que necesitábamos, pero Niklas condujo de una manera extraordinaria bajo el agua y ello nos dio la victoria”.

Con el SC más largo de la historia durante toda la noche -más de cuatro horas-, los múltiples accidentes que hubo, lo difícil que estaba el circuito a causa de la lluvia intermitente en toda la carrera, la edición de este año ha sido de las más duras de los últimos tiempos, y eso que ewra la octava vez que el español corría en Le Mans. “Por supuesto que sí, para mí sí. En la rueda de prensa posterior, Pechito López -que tiene mucha experiencia y lleva muchos años compitiendo en la categoría máxima de las 24 horas- reconoció que había sido la más compleja, la más difícil y en la que había sufrido más. O sea que podemos decir que ha sido una de las más duras de toda la historia”, remata el piloto de Ferrari.

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La victoria de Miguel Molina puso el broche de oro a unas 24h de Le Mans con sabor español. Foto: David Moreno

Orgullo ferrarista

Con 13 años, Miguel -hoy con 35- ya era un piloto de karting consumado en Italia; luego llegaría la Fórmula 1.600, y más tarde su fichaje por Audi para participar en el DTM durante siete temporadas, con victorias, poles y podios en su haber.

Desde el año 2022, Molina ha formado parte del elenco de ocho pilotos que han desarrollado el 499P, el coche ganador de las dos últimas ediciones de Le Mans. Haber podido participar en el desarrollo de este vehículo le da un valor especial a esta victoria: “Desde el primer día que el coche salió a pista he estado involucrado en este proyecto. Lo hemos evolucionado los ocho pilotos oficiales de Ferrari. Y la verdad es que lograr la victoria en Le Mans ha sido increíble. Y formar parte de este proyecto desde el principio lo hace aún más épico y conocido”.

Si la carrera fue intensa, el “post” aún lo está siendo más, y dos semanas después del éxito en la prueba del ACO, el piloto del RACC sigue de “gira promocional” para hablar del presente, del pasado y también del futuro.

El domingo de la carrera no pude sacarme el mono casi hasta las diez de la noche…

Entre todo el ritual del podio, el procedimiento de celebraciones y el protocolo de las 24 horas, rueda de prensa, entrevistas y demás no tuve ni un segundo para hacerlo hasta seis horas después que Nicklas llegara a la meta. Luego fuimos a celebrarlo en la “casa” de Ferrari, su hospitality y con los clientes de la marca que teníamos allí, en Le Mans. O sea, que entre una cosa y la otra, hasta las diez de la noche no llegué al motorhome para descansar. Fue intenso, pero la propia adrenalina de la victoria te hace aguantar y no sentirte tan cansado como corresponde”.

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El Ferrari #50 de Miguel Molina, lideró con contundencia gran parte de la carrera. Foto: David Moreno

Un volante con dos bridas

Como los otros dos ganadores españoles en Le Mans -Fernando Alonso y Marc Gené- los orígenes de Miguel Molina estuvieron, como hemos dicho, en el karting.

Cuando Miguel ya competía al máximo nivel en esa disciplina, si no tenía carreras que realizar siempre estaba colaborando como mecánico de otros chavales que participaban en categorías de iniciación. Siempre me llamó poderosamente la atención lo buen chaval que era, dando siempre consejos y echando una mano en lo que podía, mientras otros invertían su tiempo en hacer trastadas por el paddock .

En la actualidad dirige su propio equipo, en el que me hizo gracia ver que en los entrenamientos sus karts llevan unas bridas colocadas en el volante, como si fueran antenas, para minimizar el radio de giro de las manos para que sus pilotos se acostumbren a no sobre-conducir para no perder tracción y minimizar el degrado de los neumáticos. Otra táctica heredada de papá Mariano, que Miguel recuerda con cariño y orgullo: “La verdad es que eso que comentas forma parte del aprendizaje. Y ahora que lo dices, refleja los muchos años de sacrificio, de trabajo, de muchas horas, días, fuera de casa… Y ahora que tengo tres hijos, estar fuera de casa… es complicado. Y ya que Le Mans ha salido bien, ahora puedo estar tranquilo porque he conseguido uno de mis sueños, y estoy muy orgulloso de lo que hemos logrado”.

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Mariano Molina trabajando como mecánico en el kart de Antonio Garcia

Como Alonso, o como Marc, Miguel sigue amando el karting, y su vinculación con lo que fueron sus orígenes sigue siendo muy estrecha: “Es parte de mi vida, ¿no? Es parte de lo que sigo haciendo, porque hace dos semanas estuve en la Copa en una carrera de karts en Zuera, con el equipo, con mi padre, -que sigue al tope- con el equipo, y es parte de mi historia, de mi vida… Todo lo que podamos hacer para seguir ayudando a los niños y a los jóvenes para que evolucionen y para que algún día puedan lograr resultados como los que estamos logrando nosotros, todo cuenta, y lo seguiré haciendo.

En un momento de mi vida tuve el apoyo de entidades como el Circuit de Catalunya, la Generalitat, la Federación, el RACC, y eso hizo que yo siguiera adelante, ¿no? Pues de alguna manera tenemos que seguir todo esto; y la forma que tengo yo de hacerlo es yendo con mi equipo de karts, enseñando a los más pequeños que están comenzando y que todo esto continúe”.

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Miguel Molina, junto a Antonio Fuoco en el podio de las 24h de Le Mans. Foto: David Moreno

De “perfil bajo”, poco dado a grandes titulares, Molina es auténtico. Alguien que cae bien por su sencillez y amable honestidad. Por eso es prácticamente imposible encontrar a nadie que no se haya alegrado por su victoria en una carrera tan importante como las 24 Horads de Le Mans. Y en coherencia con su discrección y generosidad, Molina se muestra agradecido con todos: “Aprovecho para decir que muchas gracias a todos, en especial a toda la gente del mundo del motorsport que me ha felicitado, que es muchísima, muchos pilotos… La verdad es que la acogida de nuestra victoria me ha sorprendido muchísimo, y eso querrá decir que algo hicimos bien, ¿no? Y como dices: soy de perfil más bien reservado; no me gusta exteriorizar mucho las emociones … pero la gente que me conoce, creo que me entiende bien y por eso he recibido tantos mensajes”.

Por eso, Miguel, y por tu honestidad y capacidad de sacrificio, de picar piedra, como aquel “otro Molina” que cantaba aquello de “¡soy minero!”. 

Sobre el autor

Josep Lluis Merlos

Periodista, como Tintin. Cuando empecé a publicar (con 13 años) mis crónicas en la revista Motociclismo, yo quería dar la vuelta al mundo, subirme a la luna en un cohete rojo y blanco y viajar hasta el Tibet en moto. Un día me llevaron a Montjuic, olí la gasolina y me enamoré. Allí fue la primera vez de casi todo. Y aquí sigo, casi 50 años después, escribiendo y hablando de coches y motos, tras haber pasado por unas cuantas revistas, periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión. He visto centenares de carreras en todos los circuitos, pistas, carreteras y desiertos de todo el mundo. Y me siguen gustando tanto como aquel primer día. Pero lo del cohete aún lo tengo pendiente.
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