Los coches de Frank Sinatra, "La Voz"

Publicado el

Contenido

Frank Sinatra era un gran coleccionista de coches. Repasamos los principales vehículos que pasaron por las manos y el garaje de «La Voz». Existen pocos personajes que representen tanto el “sueño americano” como Francis Albert Sinatra, el esmirriado chaval de una familia humilde de origen italiano que llega a convertirse en la mayor estrella mundial de la música a base de talento, tesón… y amigos poderosos. Frank Sinatra El hijo del bombero de Hoboken -New Jersey- exprimió su vida al máximo; borracheras sonadas, romances apasionados… y por supuesto coches lujosos. En este sentido y aunque en el garaje de cualquiera de las mansiones del “viejo ojos azules” se acumulaban algunos de los modelos más exclusivos de la industria, lo cierto es que a Frank Sinatra no le gustaba demasiado conducir. Sólo se ponía él mismo al volante cuando no tenía más remedio y no le interesaban la tecnología ni la potencia más allá de lo que implicaran de confort y lujo. Por esa razón no existen muchas fotos de Frank Sinatra conduciendo de sus propios coches pues ni le gustaba especialmente que le fotografiaran de esa guisa ni su popularidad le permitía hacerlo a menudo. Compraba coches más como símbolo de status que por pasión automovilística y en la elección de sus vehículos siempre primaba el equipamiento y la comodidad sobre cualquier otro factor.

El primer utilitario

Su primer coche fue un Chrysler Convertible de 1942; un utilitario de gama media, si bien Frank Sinatra se hizo con la versión más cara y bien equipada. Él era en aquel momento el cantante titular de la orquesta de Tommy Dorsey y aunque su éxito era ya notable seguía siendo un empleado que vivía de una nómina, así que no se atrevió a acceder a modelos más caros de Lincoln o Cadillac. De hecho, justo en septiembre de ese año Sinatra dejó la orquesta y comenzó a brillar con más fuerza que nunca a finales de los 50. Fue la época de los éxitos más legendarios del cantante, del loco grupo de amigos llamado “Rat Pack” -formado por Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr., Peter Lawford y el cómico Joey Bishop– y de las fiestas salvajes en Las Vegas. Frank Sinatra

La tentación del lujo

Fue entonces cuando Frank Sinatra descubrió el placer de los automóviles exclusivos y cuando comenzó a gastar más dinero que nunca en coches de élite. El primero fue un deportivo Ford Thunderbird convertible de dos puertas y color negro alimentado por un motor V8 de 5.1 litros y una potencia de 215 caballos. Sinatra lo conservará durante tres años pero siempre manifestó que lo recordaba con un cariño especial. El problema estaba en que aquel coche resultaba perfecto para pasear en él a coristas y aspirantes a actriz. Pero no era nada cómodo para viajar, así que “la Voz” se compró también un enorme y superlujoso Ford Continental Mark II negro equipado con un motor de 8 cilindros en V de 6 litros y 285 caballos de potencia más adecuado para viajes largos… y más digno de una gran estrella. Ese automóvil costaba en 1955 algo más de 11.000 dólares, que era el equivalente a una casa nueva con cuatro habitaciones en un barrio de una gran capital americana. Frank Sinatra

“Póngame dos”

El Continental cedió en 1958 su lugar de honor al modelo más costoso y sofisticado que fabricaba la General Motors: un majestuoso Cadillac “El Dorado Brougham”. Un coche de Jefe de Estado que costaba incluso más que un Rolls Royce de la época: 20.000 dólares cada vehículo, personalizaciones aparte. Su equipamiento era tan avanzado para la época que ofrecía detalles tan futuristas como radioteléfono, asientos anatómicos con memoria o suspensión neumática. Con un motor V8 de 6 litros y 325 CV y unas características puertas traseras “suicidas”, otros poseedores famosos del Cadillac El Dorado Brougham de 1957-1958 fueron Elvis Presley, Clark Gable y Aristóteles Onassis. El “Dorado Brougham” fue siempre y con diferencia, su coche favorito. Le gustó tanto que encargó dos ejemplares; uno de color marrón para sus desplazamientos por Las Vegas y Los Angeles y otro de color azul para moverse por New Jersey. Frank Sinatra

La raíz italiana

Dicen quienes le conocieron que Frank Sinatra era tozudo e inflexible en cuestiones musicales. Costaba mucho que cediera y aceptara cantar algo que no le gustara. Todo el mundo sabe, por ejemplo, que odió hasta el final de sus días “Strangers in the Night” pese a ser uno de sus mayores éxitos y siempre hablaba de ella como “esa canción de mierda”. Sin embargo, en materia automovilística era mucho más flexible y abierto de mente. De hecho cuando Dean Martin, también de origen italiano, le descubrió los deportivos de línea europea Sinatra se entusiasmó inmediatamente con ellos y acabó comprándose un convertible plateado con techo negro de marca Dual-Ghia. Era un automóvil superexclusivo del que solamente se fabricaron 117 unidades, de las cuales la primera que se vendió en los EE.UU. fue, precisamente, la del cantante. El chasis y el motor -un V8 de 5.2 litros- eran suministrados por Dodge mientras que la italiana Ghia se encargaba de la carrocería.

Innamorato

A raíz de su experiencia con el Dual-Ghia, Frank Sinatra vivió una especie de enamoramiento hacia los coches italianos ya que, para él, representaban el estilo y la exclusividad que tanto le gustaban. Frank Sinatra Al enterarse de que su archienemigo Elvis Presley -ambos, como veremos, mantuvieron piques sonadísimos disputándose automóviles de capricho… que después apenas salían del garaje- se había comprado un Ferrari, el de Hoboken pronunció una de sus frases más legendarias: “se conduce un Ferrari cuando se quiere ser alguien y un Lamborghini cuando ya se es alguien”. Su flamante Lamborghini Miura de color naranja metalizado le fue entregado a Frank Sinatra el 12 de diciembre de 1969, el día de su 54 cumpleaños. Estaba equipado con el mítico motor V12 de 3.929 cc que generaba 370 caballos a 7700 rpm. Ese coche fue subastado por Christie’s en 2003 y adquirido por un coleccionista noruego. No sería el único modelo italiano que acabaría en la cochera del “crooner”, que completaría su colección con un Maserati. Frank Sinatra

Elvis, la némesis

En 1971 Sinatra encargó un Stutz Blackhawk, un modelo carísimo diseñado por Virgil Exner y del que solamente se construyeron 500 unidades casi artesanalmente. Era un coche que tomaba como base el Pontiac Grand Prix de 7.5 litros, con una transmisión automática de tres velocidades y detalles como un diferencial de deslizamiento limitado y amortiguadores ajustables por aire. El coche costaba en su momento 23.000 dólares, el equivalente a 150.000 de hoy en día y el cantante exigió que el suyo fuera el primero en llegar a los Estados Unidos. Elvis Presley vio entonces la oportunidad de ganarle una batalla al viejo “crooner”. Fue al concesionario y le ofreció participar gratis en campañas publicitarias a cambio de quedarse el primero y comprarle tres más. Cualquier cosa por jorobar a Sinatra. El de Hovoken montó en cólera… pero se quedó sin coche. Frank Sinatra

Su propio Chrysler

En 1981, convertido ya en una leyenda, su amigo Lee Iacocca le convence para ser la cara visible de una “edición Sinatra” del coupé Chrysler Imperial de ese año. Sinatra nunca quiso hacer publicidad, más allá de las de sus películas y discos y algún esporádico anuncio de whiskey bourbon del que siempre se aseguraba que una parte del pago fuera en especies. Del Chrysler Sinatra se produjeron únicamente 279 unidades. Montaba un motor V8 de 5.2 litros y una potencia de 140 caballos y venía de serie con todos los accesorios de lujo y una colección completa de cassettes con las mejores grabaciones del cantante de New Jersey en lo mejor de la alta fidelidad del momento. La idea de Chrysler era convertir ese automóvil en el modelo de las “estrellas”. Pero salió a la calle justo cuando cambiaron las leyes antipolución y el “Sinatra Special”, incapaz de cumplirlas, acabó convertido en una anécdota. A finales de los 80 los tiempos ya no estaban para ostentaciones de “star system” ni tampoco la carrera de Frank Sinatra, un venerable octogenario que sólo aparecía ya en televisión en los documentales… aunque en 1984 había grabado el magnífico “L.A. is my lady” con Quincy Jones. Tiempos de austeridad que hicieron que el último coche que condujera Sinatra fuera -paradójicamente- un modelo familiar, un “Station Wagon Chrysler LeBaron Town and Country” de 1986, con paneles laterales que imitaban la madera. Era un modelo, como decimos, familiar pero de alta gama. Frank Sinatra]]>