El futuro será eléctrico o ¿no será? 

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Asociaciones empresariales y ONG ambientales instan al gobierno a tomar medidas urgentes para impulsar el vehículo eléctrico en España. Todo ello en una carta dirigida al Presidente del Gobierno y sus ministros, en el que desarrollan el plan que debería seguir España en el futuro de la movilidad. ¿El futuro será eléctrico o no será?

Entre las propuestas de AEDIVE, ANFAC, ECODES, FACONAUTO, Fundación Renovables, GANVAM y T&E destacan las reformas fiscales en el lado empresarial, la reforma del sistema de ayudas directas al cliente, un plan nacional de infraestructura de recarga y una hoja de ruta para la automoción hasta 2035, año en el que la Unión Europea pretende prohibir la matriculación de vehículos nuevos de combustión. Estas organizaciones buscan incentivar la electrificación del transporte, señalando la necesidad de actuar con urgencia para cumplir con los objetivos ambientales y económicos del país. 

Más allá de que las intenciones de estas asociaciones sean loables y busquen la implementación de energías alternativas en el parque móvil europeo, como suele ser habitual obvian por completo la parte negativa de la tecnología que defienden y lo más importante, apartan de cualquier plan de futuro a la movilidad de combustión, que no solo tiene potencial para seguir mejorando a nivel de emisiones (como con los e-fuels), sino que sigue siendo la opción más barata para la industria, el transporte y la gente de a pie.

¿Son los coches eléctricos «cero emisiones»?

Los coches eléctricos también tienen un impacto medioambiental. Ello se debe a los procesos de producción, la recarga y sobre todo a qué se hace con las baterías una vez finalizada la vida útil de esta o del vehículo. 

De hecho, Volvo publicó un estudio hace unos años donde aseguraba que la producción de su modelo 100% eléctrico, el C40, contaminaba un 70% más que su homólogo de combustión solo en el proceso de fabricación. Concretamente 25 toneladas de CO2 frente a las 14 del XC40.

En el estudio de Volvo, el C40 producía hasta 7 toneladas de CO2 más que su hermano de combustión
En el estudio de Volvo, el C40 producía hasta 11 toneladas más de CO2 que su hermano de combustión.

Los vehículos eléctricos no contaminan durante su circulación, pero contaminan lo mismo o más según su tecnología de baterías. Y también hay que contar que su recarga será más o menos ‘eco-friendly’ según la procedencia de la energía, algo que depende del mix energético del país donde circule. En España, la procedencia de la energía será más o menos verde en función de si el día está soleado, hace viento, hay capacidad para abrir los embalses, o por el contrario hay que tirar de centrales térmicas para satisfacer la demanda energética. Ya que las fuentes renovables no son constantes y continúa el plan para el cierre de las centrales nucleares. 

Es por ello que el eslogan “cero emisiones” de los vehículos eléctricos no solo no es cierto sino que maquilla la realidad y demoniza a su competencia. No es que no contaminen, es que cambian la ubicación geográfica de la contaminación a otros lugares.

De entre las medidas propuestas al Ejecutivo por estas asociaciones y ONGs destacan: 

  1. Fiscalidad y subvenciones: Reformar la fiscalidad y simplificar las ayudas y subvenciones para la compra de vehículos eléctricos. 

Algo lógico y sensato ya que en España actualmente el tiempo medio de espera para recibir las ayudas del Plan Moves está entre 18 y 24 meses, tiempo en el que el cliente ha tenido que adelantar el dinero. De hecho MG, está apostando por adelantar estas ayudas al cliente final ofreciendo sus vehículos eléctricos con el descuento aplicado para luego reclamar al Estado la parte correspondiente. 

  1. Infraestructura de Recarga: Un Plan Nacional de Infraestructura de Recarga especialmente en áreas de baja densidad de población y urbanizaciones sin plazas de aparcamiento privadas.

La movilidad eléctrica sufre de un cuello de botella administrativo por culpa de la burocracia necesaria para que los Operadores de Puntos de Carga (CPOs) puedan instalar sus cargadores. Los tiempos de espera rondan los 2 años entre que las administraciones locales, municipales y estatales se ponen de acuerdo en dar la luz verde.

  1. eCredits y Hoja de Ruta: Implementación de mecanismos como los eCredits y la creación de una hoja de ruta hasta 2035 proporcionan un marco claro y metas a largo plazo. 

Los eCredits son un sistema similar al utilizado en la industria con los cupos de emisiones de CO2, y obligaría a las compañías petroleras a obtenerlos y así invertir en energías renovables para el transporte. Esto generaría un ecosistema de compra-venta donde los CPOs y los particulares podrían vender estos créditos eléctricos a dichas empresas.

LLos tiempos de espera rondan los 2 años para instalar un punto de carga para un vehículo eléctrico.
LLos tiempos de espera rondan los 2 años para instalar un punto de carga para un vehículo eléctrico.

Esto junto con los planes a largo plazo lo consideran necesario para dar confianza a los inversores y orientar las políticas públicas y privadas hacia un objetivo común. Pero de nuevo pasan por alto en cualquier plan de futuro al resto del mercado automovilístico. 

La realidad tecnológica del vehículo eléctrico

El plan de este tipo de asociaciones pasa por eliminar la competencia mediante su limitación o prohibición, por lo que no es de extrañar que estén a favor de la famosa medida de la Unión Europea que en 2035 pretende prohibir la matriculación de vehículos nuevos de combustión. Ello obvia la realidad económica de la sociedad y el progreso tecnológico de la industria. A pesar de la caída de precios en la tecnología de baterías, los vehículos eléctricos siguen siendo significativamente más caros que sus homólogos de combustión interna. Para muchas personas y empresas, especialmente en tiempos de dificultades económicas, la opción más barata y viable sigue siendo el motor de combustión interna.

El futuro no puede o debe ser cambiar un coche ya fabricado y que funciona, con una huella ambiental determinada y que compensa amortizar, por un patinete. Que es a este paso, lo único que se podrá comprar el ciudadano de a pie, pues el precio del vehículo nuevo ha subido un 40% en los últimos años. Tampoco se puede pretender que la gente adquiera un producto más caro en el que el coste de circulación es similar (o superior si se hacen uso de los supercargadores) y donde se puede recorrer menos distancia por “depósito”. Pagar más, por hacer menos y tardar más tiempo. 

¿Se ha pensado alguna vez en el coste ambiental de derrochar antes de tiempo la tecnología ya existente? ¿Tiramos coches con 10 o 15 años a pesar de que su coste energético y medioambiental sea menor al de un vehículo eléctrico?

Los vehículos térmicos han duplicado su eficiencia y fiabilidad gracias a la hibridación.
Los vehículos térmicos han duplicado su eficiencia y fiabilidad gracias a la hibridación.

Las innovaciones en motores de combustión interna han logrado avances destacables en términos de eficiencia y reducción de emisiones. Tecnologías como los motores híbridos autorrecargables (HEV), los híbridos enchufables (PHEV) o los motores gasolina o diésel de última generación han demostrado ser cada vez menos contaminantes. Una solución que ofrece una transición más gradual y que además empieza a implementar combustibles cada vez más sostenibles. Esto sin tener en cuenta el avance que se espera en los próximos años de los combustibles sintéticos. 

¿Y qué pasa con la industria?

Enfocarse exclusivamente en la movilidad eléctrica podría ser contraproducente para España, dado que el sector automotriz representa cerca del 10% del PIB y el 9% del empleo. El 87% de la producción se dedica a la exportación. La transición abrupta puede poner en riesgo miles de empleos ya que no hay tiempo material según las directrices europeas para transformar el tejido industrial de una tecnología a la otra. ¿Qué hacemos con las fábricas de Stellantis, Renault, Volkswagen, Nissan o Ford si estas no están dispuestas a pasar por el aro?

El futuro no es blanco o negro

El impulso hacia una única tecnología, en este caso la eléctrica, puede llevar a una situación de poder donde determinados lobbys eliminen a la competencia de la mano del poder político y que potencialmente, frene la innovación de otras alternativas a la movilidad tan eficientes y verdes como esta. 

Las necesidades de transporte varían ampliamente según la región geográfica. Los camiones no pueden no ser diésel a corto plazo. De su economía en el transporte depende toda la cadena de productos y servicios de la sociedad. Para las personas de a pie, los vehículos eléctricos pueden ser ideales para ciertos contextos urbanos, pero se conocen de sobra sus limitaciones para viajar. Y no todo puede depender del transporte público. Su cliente ideal ahora mismo ha de contar con un poder adquisitivo alto, con una vivienda y garaje en propiedad, con acceso a un punto privado de carga… 

El futuro verde pasa por la coexistencia de todas las tecnologías posibles.
El futuro verde pasa por la coexistencia de todas las tecnologías posibles.

También podríamos entrar en qué pasaría con la recarga y la demanda eléctrica en un parque móvil europeo 100% eléctrico. Ya que en el caso de España, estas asociaciones se plantean un futuro con más de 5 millones de vehículos eléctricos en 2030. A día de hoy en 2024 hay unos 340.000 vehículos electrificados de los cuales 143.640 son puramente a baterías. El problema de la demanda energética es cuanto menos preocupante en términos medioambientales, más cuando en países como Alemania, se apostó por el cierre nuclear y ahora están quemando carbón, un camino que podría seguir España si se cumplen los planes de desnuclearización. Porque cabe resaltar de nuevo que la energía renovable no es constante.

Plantear un futuro únicamente enfocado a la movilidad eléctrica supone un retroceso para todas aquellas personas que no podrán permitirse un vehículo de estas características. La mayoría. Ni el coche debería ser tratado como un bien de lujo, ni tener la libertad de moverse de la forma más barata y asequible posible debería ser un privilegio.

La coexistencia de diversas tecnologías en el transporte es clave para asegurar la economía del producto y el objetivo de reducir emisiones. De lo contrario el objetivo real podría ser usado como excusa para acaparar un mercado por puros intereses económicos, usando una vez más al planeta de por medio. La tecnología de combustión puede seguir innovando si se les da garantías a los fabricantes, así como los vehículos híbridos que cada vez más se muestran como una opción ecológica y asequible. Y está por ver en qué queda el coche de hidrógeno que todavía se encuentra en desarrollo.

Opinión

David Moreno

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