Cupra: Oro parece. Barcelon-és

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Desde el primer momento en que vio la luz como marca, Cupra dejó muy clara su voluntad de ser identificada con Barcelona, con su dinamismo y creatividad… y eso empezaba por saber elegir el nombre adecuado para sus modelos.

La cuestión del nombre es siempre una de las más difíciles a la hora de lanzar un nuevo modelo de automóvil. Más allá de casos tan extraordinariamente desafortunados que acaban siendo anecdóticos –recordemos aquel ‘Pajero’ o aquel ‘Laputa’, entre otros– el nombre acabará definiendo la personalidad y la percepción pública del modelo. El mercado espera un nombre festivo para un coche festivo y juvenil. Y un nombre serio y elegante para un sedán señorial.

Para una marca joven como Cupra la disyuntiva era doble; además de afianzar su nombre debía asociarlo a unas denominaciones de modelo significativas y personales.

Los responsables de la marca dejaron muy claro desde el nacimiento de ésta que querían que Cupra se vinculara emocionalmente con Barcelona y con la imagen de la Ciudad Condal como centro de diseño y creatividad.

Identificada con Barcelona

Wayne Griffiths, el CEO de Cupra, reivindicaba por enésima vez la identificación de la marca con Barcelona durante la presentación del modelo ‘Raval‘ en el reciente Automobile Barcelona.

“CUPRA es una marca que desde el inicio ha apostado por la ciudad y quiere ‘Inspiring the World from Barcelona’, inspirar al mundo desde Barcelona», explica Griffiths. «Yo viví aquí entre 1991 y 1993. La ciudad vivía uno de sus momentos más dulces; justo aquí, en Montjuic, se celebraron los Juegos Olímpicos del 92. ¡Los mejores de la historia! Tenía 25 años y lo que más recuerdo de aquella época es el ambiente de alegría que se respiraba en la ciudad».

«Era el espíritu de Barcelona: una sensación de formar parte de algo muy grande, que implicaba a muchísimas personas. Todas luchando por un mismo objetivo”, concluye el directivo.

Toda una declaración de amor a la Ciudad Condal que, sin embargo, conllevaba igualmente un riesgo: las denominaciones demasiado localistas podían causar rechazo en potenciales usuarios de fuera de Barcelona y las excesivamente equidistantes confundir.

Además, debían ser nombres fácilmente pronunciables en decenas de idiomas, no evocar significados negativos y resultar fácilmente identificables con la toponimia española.

De Aragón al Pirineo

Hasta la fecha y es de justicia reconocerlo, en Cupra están acertando. Con el nombre de su primer modelo no hubo ningún problema. Ateca es una bonita localidad aragonesa, en un guiño de la compañía a esas localidades quizás menos conocidas pero cargadas de historia, que no generaba ningún rechazo a priori. Es un municipio situado a 100 km de Zaragoza, famoso por sus callejuelas y su arte mudéjar.

Un destino ideal para escapadas en familia, respirar aire fresco o pasear con tu pareja… y un nombre adecuado para un SUV familiar. Además ‘Ateca’ podía ser interpretado también como un acrónimo de “Tecnología y Calidad”.

Con el ‘Formentor’ tampoco había riesgo de colisión. Un rincón paradisíaco de las Baleares y un emblemático faro que, quien más quien menos, todos hemos visto en los reportajes turísticos y al que apetece llegar por una carretera serpenteante junto a los acantilados y al volante de un bonito SUV compacto como este Cupra.

Por lo que se refiere al ‘Tavascan’, su condición de SUV eléctrico encajaba muy bien con el nombre de esta preciosa localidad de alta montaña del Valle de Arán, en el Pirineo leridano. Era también el primer nombre comercial directamente ligado a Cataluña que Cupra ponía a uno de sus coches pero tampoco en este caso hubo ninguna objeción por parte del mercado.

Con el nuevo ‘Born’ la marca catalana ya “desembarcaba” nominalmente en Barcelona al elegir uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad para dar nombre a su compacto eléctrico. El ‘Born‘ es el barrio “moderno” y “hipster” de la capital catalana, el que reúne los locales de moda -como ‘Malasaña‘ o ‘Ponzano‘ en Madrid– y las vanguardias artísticas y de diseño.

El día de su presentación, Griffiths explicó que el nombre le encantaba porque “igual que muchos de los artistas del Born, querían cambiar las reglas del juego en el mercado de los eléctricos con un diseño estimulante y rendimiento instantáneo«.

Además, de cara al mercado anglosajón, el nombre tenía un componente de ‘renacimiento’ –’Born’ es nacimiento en inglés– que agradaba a Cupra.

El canalla Raval

La de ‘Raval’ era, probablemente, la apuesta más delicada. De hecho, al principio, la marca quiso llamarlo “Rebel”. El Raval, el antiguo “Barrio Chino”, fue el más canalla y bohemio de los barrios de Barcelona. En el Raval estaban las tabernas, los lupanares y esos pequeños delincuentes inmortalizados por Ivá en “Makinavaja, el último chorizo”. Hoy en día está más degradado; los ladrones ya no tienen el corazón de oro que tenía el personaje interpretado por Pepe Rubianes y Andrés Pajares y uno tiene que andarse con ojo al salir de las tascas que –eso sí– siguen ofreciendo las mejores tapas de la ciudad.

En resumen, ‘Raval‘ era un nombre que los barceloneses podían tomarse bien o tomarse mal… pero de nuevo el CEO de Cupra acudió al rescate con su pasión barcelonesa y toda una declaración de intenciones. “Sabemos que el barrio tiene sus retos«, inicia Griffiths. «Porque el Raval, igual que Cupra, no necesariamente gusta a todos pero encanta a unos pocos. Raval es el nombre de un coche diseñado, desarrollado y fabricado en Barcelona».

«Es el nombre del bar en Berlín del actor y embajador de Cupra Daniel Brühl. Y es también el barrio del Bar Cañete, bajando La Rambla -del que soy fan- y del Suculent, al que acaban de dar una estrella Michelin. Cuando era más joven y salía por la noche era un habitual del Pastís. Me encanta la oferta cultural del MACBA, el CCCB y siempre que puedo me escapo al Liceo a disfrutar de la ópera».

«Con el nombre, por tanto, queremos reivindicar el orgullo de ser, vivir y formar parte del Raval. También hay que recuperar la ilusión de una ciudad como Barcelona. Una Barcelona alegre, limpia, segura, moderna donde se pueda circular y pasear… Una Barcelona que entienda que el coche es parte de la solución y no el problema”, asevera el directivo.

El futuro

Las compañías suelen registrar en la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, incluso con años de antelación, nombres destinados a futuros modelos. Se trata de “pillarlos” antes de que lo haga la competencia y muchos de ellos no llegan nunca a ser empleados pero sirven para darse una idea de las intenciones de los fabricantes. Cupra no es diferente y tiene igualmente un puñado de nombres guardados a buen recaudo para sus nuevos coches

Ese año conoceremos también al Cupra Terramar su nombre es un homenaje al histórico circuito ovalado de carreras de los años veinte ubicado en Sitges, Barcelona–, con el que llega una nueva generación de SUV híbridos enchufables y carácter sport.